Loreto Seguel, presidenta ejecutiva del gremio, abordó las implicancias de este fenómeno climático para el borde costero y las actividades productivas, destacando la importancia de la prevención, el monitoreo y la capacidad de respuesta de la salmonicultura chilena.
El fenómeno de El Niño plantea desafíos que van más allá de una actividad productiva. Las alteraciones en las temperaturas, las precipitaciones y los vientos pueden modificar las condiciones del océano, con efectos sobre los ecosistemas marinos y las distintas actividades que se desarrollan a lo largo del borde costero del país.
Frente a este escenario, la presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón, Loreto Seguel, destacó la importancia de anticiparse a sus posibles consecuencias mediante el desarrollo tecnológico, el monitoreo permanente y una estrecha coordinación entre el sector público y privado.
“Por supuesto que el fenómeno de El Niño afecta a la salmonicultura, y no solo a la salmonicultura, sino que está afectando a todo nuestro país, a las distintas industrias y a todos quienes vivimos en este país”, señaló.
En el caso de la salmonicultura, uno de los riesgos asociados a las alteraciones de las condiciones oceanográficas es la eventual aparición de floraciones algales nocivas (FAN), que pueden afectar a los peces, la biodiversidad marina y otras actividades productivas. Su ocurrencia depende de diversos factores ambientales, por lo que contar con información oportuna resulta fundamental para anticipar escenarios y reducir sus posibles impactos.
En ese contexto, Seguel relevó las capacidades que ha desarrollado la industria para comprender las condiciones del entorno marino y fortalecer su preparación frente a este tipo de fenómenos.
“El desarrollo tecnológico, la sofisticación satelital-oceanográfica y la tecnología con la que cuenta hoy día la industria salmonicultora nos permiten enfrentar de mejor forma lo que estamos viviendo con el fenómeno de El Niño”, afirmó.
A estas capacidades se suma el trabajo coordinado con las instituciones públicas, a través de espacios técnicos de intercambio de información, revisión de planes de contingencia y preparación ante eventuales cambios en las condiciones ambientales del sur austral.
“Este fenómeno no se enfrenta solo, se enfrenta en conjunto, con una alianza público-privada muy robusta. Enfrentar fenómenos de esta naturaleza requiere avanzar en una preparación permanente, que integre conocimiento científico, capacidades tecnológicas y coordinación institucional. Un trabajo que permita anticipar riesgos, responder oportunamente y contribuir al resguardo de los ecosistemas marinos y de las actividades que forman parte del desarrollo del sur de Chile”, enfatizó Seguel.